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Road Story, nuevamente comentada en el diario El Comercio de Lima

roadstory_001No me deja de sorprender que luego de tres años de lanzada, Road Story continúe generando comentarios.

Ahora el diario el El Comercio de Lima publica un articulo en donde su autor, Jorge Eslava, habla de historietas, Dylan y Kerouac y desemboca en la novela gráfica en cuestión.

Pueden ver el artículo completo en este link.

El siguiente es un extracto:

“En la carretera
¿Por qué será que siempre (o casi) una enfermedad o lesión nos priva de un gran atleta y nos atiza un escritor? Así ocurrió con Jack Kerouac, que pudo ser un gran jugador de fútbol americano y terminó recorriendo las autopistas del mundo y durmiendo en hoteles de mala muerte.

Estas experiencias las glorificó en su emblemática novela “En el camino” (1957). Bajo la advocación de este libro, el escritor chileno Alberto Fuguet ha escrito el cuento “Road Story” —incluido en su libro “Cortos” (Alfaguara, 2004)—, del que se ha logrado una estupenda novela gráfica. El responsable principal es el ilustrador Gonzalo Martínez, quien ha realizado una adaptación muy cercana al efecto cinematográfico.

Su principal instrumento ha sido la plumilla, bien cargada de tinta china y conectada directamente al centro neurálgico de su talento. Lo que nos ofrece es un viaje desalentado de Simón, el protagonista, que a pesar de su buen corazón y agradable aspecto ha perdido a su mujer y las líneas de la carretera solo parecen llevarlo a un tenaz desvío.

El lector de las imágenes, joven o adulto, terminará con la garganta reseca y una nube de polvo en las espaldas.”

Road Story en REVISTA REPLICANTE (México)

Publicado en Revista Replicante

UNA PELÍCULA EN PAPEL
Road Story

Por Alberto Fuguet*

Una insignia que ostenta la obra del chileno Alberto Fuguet (Santiago, 1964) es su necesidad de narrar en múltiples formatos. La ondea como escritor, cineasta, periodista y como blogger, a medias. Reflejo de esa versatilidad es Road Story (Alfaguara, 2007): una novela gráfica de 127 páginas, dibujada por Gonzalo Martínez, que aviva el interés por un género al que en Latinoamérica se le ha restado valor más allá del cómic o la historieta.

Road Story es el viaje fronterizo del chileno Simón por el borde de Estados Unidos y México. Además de una peregrinación sin fe por el límite de sí mismo, en la que huye de su entorno: su esposa lo dejó por su mejor amigo, él desfalcó a su empresa, la de su padre, para escapar, para reencontrarse. En el camino, Adriana, freak viciosilla, boliviana made in USA, será su copiloto en ese recorrido de alto vacío e insatisfacción.

Road Story no es un compendio de monitos y viñetas inconexas, sino acaso una película en papel. Una alternativa literaria seria y al mismo tiempo visual, digna en lo narrativo como una pintura rupestre lo fue en su momento, y que sabe que al final toda narrativa es gráfica en la mente de los lectores.

 Reconocido como el autor de Mala Onda, Por favor, rebobinar, Tinta roja, Cortos, Apuntes autistas o el director de Se arrienda, Las hormigas asesinas, Dos horas o recientemente Velódromo, Fuguet ha conseguido la relevancia de su obra al darle voz a la frenética y desencantada sensibilidad contemporánea, más urbana y realista, virtual y no mágica, que desde hace décadas late en la vida de América Latina. Fuguet captó ese latido y lo presenta en multiformato.

—¿Qué experimentas al narrar en diversos soportes: en esencia es lo mismo?

—

Igual y diferente, pero a la larga es lo mismo. Filmar es más colectivo, lo que es bueno. Pero capto que siempre termino hablando de mis temas: siento que todos mis personajes son, en el fondo, parientes. Lo común que tienen todas mis facetas es que vienen del mismo lugar. Al final, todo se trata de narrar. De crear personajes. Ahora me pillas en un momento muy raro en mi vida, en que no sé si estoy escribiendo tanto. Porque ya no me veo haciendo puros libros. Ya no me siento sólo un escritor. Pero, en mi caso, el soporte no es la historia, sino el personaje.

—¿Cómo asumes la empatía de los lectores con tus personajes?

—

Creo que los personajes de los que escribo más o menos existen. O hay gente parecida. Y claro: tienen cosas mías. Siempre he pensado que soy, junto con ellos, parte de lo que llamo la hermandad cósmica: personas que no son parientes, pero que se sienten cercanas aunque sólo se conozcan por messenger, quizás, y pueden hablarse como una hermana con su hermano.

”Si alguien logra identificarse con mis personajes, pueden ser más reales, partiendo de la premisa de que no lo son. Ahora bien: creo que en la vida real las personas no tienen tan clara su historia. Uno no sabe, no tiene oportunidad de saber, en qué instante estará en crisis. O en qué momento tendrá oportunidad de salvarse. Pienso que a la gente le gustan las historias, las novelas o las películas porque tienen finales, resumen, y te fijan ese momento importante de la vida de alguien.

—¿Cómo percibes el presente y el futuro del libro impreso respecto de los nuevos formatos?

—

No creo que haya que tomar lo audiovisual, o ahora lo digital, como la competencia. Si se hace, claramente los libros impresos perdieron hace rato. Ahora bien, pueden ser complementarios. Y cada uno puede ganar y potenciarse. Dudo que los libros de papel desaparezcan ahora que existe el Kindle. Pero sí creo que aquellos que leen libros impresos se están volviendo un grupo. Una minoría. Es preocupante, sí, pero qué se puede hacer.

—¿La novela gráfica es una alternativa? ¿Road Story es una opción para nuevos lectores-visuales?

—

La novela gráfica es la fusión de una serie de géneros: el cómic, la pintura, el cine y la literatura. Y es un nuevo arte, o forma de expresión, para el nuevo siglo. Ya existen personas que se han criado con novelas gráficas y han sido estimuladas con este formato. Pienso que debe tomarse en serio porque, como en la literatura, hay de todo; sin duda hay autores y novelas que lograrán alcanzar el mismo grado de excelencia y de obra maestra que el de un libro o escritor canonizado.

”Pero para eso la novela gráfica debe considerarse, leerse, y no tener prejuicios. Te cuento una anécdota: hasta después de un buen rato, ninguna revista cultural o literaria de Chile había criticado —para bien o para mal— Road Story. ¿Por qué? No sé. ¿No tienen críticos ad hoc? Deduzco que va por ahí. Creen que no es un libro. Por lo tanto, más allá de una nota tipo promoción, lo obviaron. Yo leo esto: es una curiosidad, una simple excentricidad. Como que Road Story está adelantado al mercado. Pero nada: creo que al final cada libro se encuentra, eventualmente, con su público.

José Noé Mercado.

Road Story en COMIC APOCALIPSIS (Perú)

Texto escrito por el peruano Guido Cuadros originalmente publicada en la desaparecida revista peruana Urbania y que él reproduce en su blog Comic Apocalipsis.

Historias de carretera / En el camino (elegir un nombre).

por Guido Cuadros F.A.

El reconocido escritor y cineasta Alberto Fuguet, incursiona en el mundo de las viñetas con Road Story, una adaptación al cómic del cuento homónimo incluido en su libro de relatos Cortos (Alfaguara, 2004).

El dibujante Gonzalo Martínez, con su estilo minimalista pero impactante, es el encargado de la parte visual en la que ha sido denominada como la primera novela gráfica chilena. Road Story se lee de un tirón, se ve como una película, y nos narra las peripecias de un santiaguino, Simón, quien con el dinero robado a la empresa de su padre comienza a deambular por todo el sur de EE.UU en un auto alquilado, tratando de encontrarse a si mismo, y superar una midlife crisis que lo tiene aturdido y sin saber que hacer con su futuro. Cruda, violenta, realista, esta historia nos sumerge en una atmósfera similar a la de los relatos de Raymond Carver o Jack Kerouac, influencias innegables de Fuguet, quien no se limita al homenaje y aporta una perspectiva propia, local, innovadora.

Este viaje lo transportará por la mítica Ruta 66, el Gran Cañón, el Death Valley, Roswell, Ciudad Juárez entre otros sitios, y al mismo tiempo hacia el mundo interior de unos personajes que bien podríamos ser nosotros mismos. Comparada con otras obras del género como Ghost World, Preacher o American Splendor, Road Story se hace de imprescindible lectura, a la vez que reivindica y explota un medio que en nuestros países, lleva demasiado tiempo en lo subterráneo.

Road Story: Alberto Fuguet/Gonzalo Martínez
Alfaguara, 2008. (132 pág.)

Road Story en EL COMERCIO (Perú)

Crítica aparecida en el diario El Comercio de Lima.

En clave de historieta

Por Enrique Sánchez Hernani

Alberto Fuguet y Gonzalo Martínez unen pluma y pincel.

Road Story
Alberto Fuguet-Gonzalo Martínez
Alfaguara Santiago de Chile, 2007 S/.

Alberto Fuguet libró su batalla por devolver el universo de la literatura a los jóvenes, no solo en lenguaje y temática sino introduciéndose en su cultura, tomando partido por ella y creando un estilo generacional que a estas alturas está plenamente admitido.

Así, Fuguet resultó ser uno de los más apasionados cultores de ese mundo dominado por los géneros audiovisuales, por la nueva tecnología de las comunicaciones, y por el reinado de la informática y el cosmos virtual. Fuguet es un auténtico adicto al cine, la música contemporánea y no solo escribe novelas y cuentos sino que también guiones para cine e incluso un blog.

Se caía de madura, entonces, la idea de que alguno de sus cuentos fuese llevado a la historieta, después del éxito que significó la adaptación al cine de su novela Tinta roja. Ahora eso ha ocurrido con Gonzalo Martínez, historietista chileno que ha trabajado para El Mercurio y algunas agencias internacionales de prestigio. El libro es Road Story y la portada, aunque privilegia el nombre de Fuguet, muy bien pudo haber compartido la marquesina, en tamaño, con el dibujante, por su bien logrado trabajo.

A lo largo de poco más de cien páginas, Martínez, con la complicidad entusiasta de Fuguet, ha limado el cuento “Road Story” que figura en el libro Cortos (2004) del autor chileno, despojándolo de la parte textual que su historia gráfica vuelve innecesaria. El logro es brillante. Narrada en blanco y negro, los recuadros muestran esa atmósfera de soledad, sordidez y pesimismo que el cuento había narrado espléndidamente.

La historia del viaje del personaje (un chileno que, huyendo de sí mismo, se encuentra con una muchacha boliviana) a través de un desolado Estados Unidos, ha sido plasmada con rigor de historietista. La criba del cuento es la necesaria, pues las viñetas complementan las sensaciones que daban los tramos eliminados del texto. El resultado es una historia gráfica apasionante. Con esto, Fuguet refuerza su figura de tótem de los nuevos tiempos y seguro ampliará su base de lectores, de aquellos que por ahora quizá sólo daban vistazos a su blog y no se animaban a hincarle el diente a sus libros. Enhorabuena.

Road Story, el viaje continúa en Perú.

El viaje de Simón y Adriana toma nuevos rumbos y ahora se van a Perú. Me cuentan que “Road Story” ya está a la venta en las librerías de Lima.
Alberto la presenta oficialmente en La Feria Internacional del Libro de Lima el próximo 26 de Julio junto a “Apuntes Autistas” y “Una Vida Crítica”. Así lo anuncia en su blog.

En esta feria, Chile es el país invitado de honor. Así que la llegada de la novela gráfica es dentro de un ambiente muy propicio. Les adjunto un par de notas del diario La República y del prestigioso blog de Ivan Thays, “Moleskine Literario”


Road Story en el diario La República de Lima (Perú)

Nota a  aparecida en el diario La República de Lima a propósito de la presentación de Road Story por Alberto Fuguet en La 13ª Feria Internacional del Libro de Lima:

Fuguet, entre el cuento y el cine.
Antes de iniciar su primera película, Se arrienda, el escritor y cineasta Alberto Fuguet publicó el libro Cortos (Alfaguara, 2005), un conjunto de ocho relatos de carácter experimental en los que intenta asimilar a la narrativa literaria ciertos motivos y recursos propios de la cinematografía.

Para leer en pantalla grande
En su libro Cortos, el escritor chileno logra una original fusión entre las narrativas literaria y fílmica.

Algunos pasajes de este libro se hallan en su película Se arrienda.

Alberto Fuguet buscando nuevos caminos a su arte de narrar.

Javier Ágreda.

Antes de iniciar su primera película, Se arrienda (vista hace poco en Lima), el escritor y cineasta Alberto Fuguet publicó el libro Cortos (Alfaguara, 2005), un conjunto de ocho relatos de carácter experimental en los que intenta asimilar a la narrativa literaria ciertos motivos y recursos propios de la cinematografía. “Road story” , uno de estos relatos, es casi una nouvelle de 60 páginas que remite inequívocamente al ‘road movie’: un hombre (el chileno Simón, recién divorciado) recorre el sur de EEUU, descubriendo en el camino a Adriana, una boliviana de la cual se enamora. La historia es contada a través de pequeñas viñetas, cuadros en los que Fuguet describe concisamente episodios de ese viaje.

La misma técnica es empleada en Santiago, relato de temática similar (viajes y búsqueda emotiva) y protagonizado por otro chileno que recorre EEUU, Latinoamérica y su propia patria. La estructura episódica, los continuos flashbacks y los constantes cambios geográficos subrayan el desarraigo de Santiago, su sensación de no pertenecer a ninguna parte. Un rasgo frecuente en los protagonistas de la narrativa de Fuguet y que seguramente tiene su origen en la biografía del autor, quien nació en Chile pero ha pasado largas etapas de su vida en Norteamérica. Ambos relatos tienen por eso bastante de testimonio personal y generacional, además de varios personajes en común.

De otro tipo es la experimentación realizada en aquellos cuentos basados casi exclusivamente en los diálogos de los protagonistas y sin intervenciones del narrador. El recurso funciona mejor en “El Far West”, una conversación entre un periodista y un joven que ha sido abaleado por su propio padre (historia recogida en Se arrienda) que en “La hora mágica (matiné, vermú y noche)”, extensa historia de amor, presentada en formato de guión cinematográfico y uno de los textos más débiles del libro. En los cuatro relatos mencionados queda claro que la aproximación al cine forma parte del rechazo del autor a ciertas convenciones de la narración literaria, especialmente a ese narrador omnisciente y de buena prosa consagrado por siglos de tradición.

Así se puede entender la presencia en el conjunto de cuentos como “Prueba de actitud”, “Hijos” y “Más estrellas que en el cielo”, todos escritos en primera persona y con un lenguaje que va de las oraciones cortas y elementales del primero hasta el peculiar spanglish, lleno de alusiones a la cultura de masas, del último. Estos cuentos, irregulares, con casi tantos aciertos como deslices, muestran algunas de las mayores virtudes narrativas de Fuguet, como su capacidad para crear situaciones dramáticas y el creativo trabajo con la retórica literaria.

Lenguaje del cine

No son pocos los escritores que están tratando de adaptar el lenguaje de los medios audiovisuales a la literatura; pero en la mayoría se trata solo de la búsqueda de fórmulas para la elaboración de bestsellers. Para Fuguet, autor de cinco libros de narrativa –algunos de ellos bastante exitosos–, la experimentación (la aproximación al road movie) responde más a necesidades expresivas relacionadas con sus temas y obsesiones personales. Por ello, Cortos, a pesar de sus altibajos, resulta un libro de interés y uno de los mejores de la obra del escritor chileno.

Perfil

Nacimiento. Santiago de Chile, 1964. Escritor y cineasta, con estudios de periodismo en la U. de Chile

Obra literaria. Sobredosis (1990), Mala onda (1991), Por favor, rebobinar (1994), Tinta roja (1996), llevada al cine por F. Lombardi, Las películas de mi vida (2003) y Cortos (2004).

Road Story commented by ARI PLISKIN (U.S.A.)

Crítica aparecida en el blog “In search of the most unforgettable tree we ever met”

The First Chilean Graphic Novel

Here is one gem that I found at convention Viñetas Sueltas in Buenos Aires in May. Published in 2007, Road Story is a comics adaptation of a short story by Chilean Alberto Fuguet (whose accomplishments include translations into several languages and one movie). As in David Mazzuchelli’s adaptation of City of Glass, cartoonist Gonzalo Martínez uses the unique language of comics. While collections of serialized political or humorous comics are common in Chile, it is less usual to publish a longer narrative story, in this case 127 pages.

A paragraph from Jack Kerouac’s On the Road including the line “I didn’t know who I was” introduces the story opposite the splash page. While Kerouac transformed travel into a lifelong journey of losing his ego and searching for Enlightenment, this adventure is a road trip with which middle-class Americans may be more familiar. As the opening line states: “Simon feels that all this is a parenthesis. Parentheses are like boomerangs, he believes. They even look like them. They enter your life suddenly and cut off your past from your present with a clean precise blow.”

Subtly using characters’ experiences to hint at a broader social context, Road Story is a telling window into both the pan-American dream and its dark side. After a failed marriage, protagonist Simon sold his business and left his home in Chile. Retracing a path that Fuguet once traveled himself, Simon weaves around the American Southwest and dips into Mexico. As seen below (click to enlarge), using awkward camera angles that don’t reveal the character’s face, Simon contemplates his accomplishments. A book he edited for his father’s company is tossed aside amid a bottle of Gatorade, a symbol of American consumption familiar in South America. (Before I cheaply inserted English text using Paint, captions had typed letters while world and thought balloons were hand-lettered.)

Like Jason Lutes, the author subtly creates a sad, yet endearing tone and enriches the story with visual motifs that illustrate the character’s inner experience. For example, Simon’s changes in hair style reflect his fumbling self-image. In the flashback below, thawing frost on a windshield serves as a metaphor for his growing awareness that his wife Natalia was cheating on him.

While Jessica Abel’s La Perdida reveals the misguided entry into Latin America of a half-Mexican girl born in the United States, Road Story (the original title of the Spanish-language comic) shows how oddly comfortable a Chilean is in the United States. Indeed, Simon thinks that the United States colonized his subconscious.

The story works because of poignant prose narration complimented by austere drawings. There are also a number of moments, like the illustrations at right and below of how Simon met and married Natalia years earlier, in which images alone communicate key developments.

Compared to its neighbor’s, Chile is a country who has historically had closer economic and political relations with the United States and it is a place with a substantial middle and upper class. In 1988, when the pro-capitalist CIA-backed dictator Pinochet allowed elections for the first time since his coup in 1973, he narrowly lost, winning 44% of the vote. By contrast, the Argentine dictators only received about 10% of the votes when they tried to continue their rule once elections were held. Chile is a country that deals with the complicated legacy of economic “success”. Were it to be translated in English, Road Story would be a fascinating treatment of familiar issues with the twist of the perspective of the developing world.

For the first 10 pages translated into English, check out: Words Whitout Borders.

Disclaimer: This blog author does not promote the abuse of drugs. On the contrary, this story reveals problems that result from it.

Ari Pliskin

Road Story on sale in U.S.A.

If you live in the New York area and you’re curious about my recent graphic novel “Road Story” wich is mainly located in the american/mexican border in cities like El paso, Tucson, Roswell or Ciudad Juarez, you can buy it at:

“The Latin American Bookstore”
204 North Geneva Street
Ithaca, NY 14850
Tel: 607 273-2418
Fax: 607 273 6003

Or you can order it from anywhere in the U.S.A. at their web site.. Scroll down a bit and you’ll find it.

The graphic novel is in spanish but you can read the first ten pages HERE, translated into english by Words without borders, The On Line Magazine for International Literature,meanwhile we’re searching for an english language publisher.

Road Story at CRITICAS MAGAZINE (U.S.A.)

Review at “Criticas Magazine”

Road Story.

Reviewed by Bruce Jensen, South Texas Coll. Lib., McAllen, TX

Fuguet, Alberto & Gonzalo Martínez (illus).
Chile/ U.S.: Alfaguara. 2007. 127p. illus. ISBN 978-956-239-538-0. pap. $16.99. GRAPHIC NOVEL

Groundbreaking and influential, Chilean author Fuguet hooked up with countryman Martínez to produce what is by their reckoning the first graphic novel issued by a major Chilean publisher.

An homage to Jack Kerouac’s On the Road, this story is emphatically North American. Raised in Southern California, Fuguet has been working with the motif of an alienated Chilean drifter traveling near the U.S.-Mexico border for many years.

An early draft, “La verdad o las consecuencias” (“Truth or Consequences”), appeared in the McOndo anthology in 1996, and another version was included in his 2005 collection Cortos (Shorts). In this small-format, black-and-white graphic novel, an introspective thirtysomething man from Santiago travels to escape a soured marriage and other failures, using cash embezzled from his employer.

Paired with the narrative, Martínez’s strong, richly atmospheric artwork depicts the southwestern United States along parts of Route 66, with interludes in Tucson, Roswell, and Truth or Consequences, NM, and a climactic episode in El Paso/Juárez.

The illustrations bring a proper touch of darkness to the story, carrying such cinematic weight that the author can advance the plot with few words. Recommended for all libraries and bookstores serving readers capable of dealing with pictures of explicit sex scenes.

Road Story en revista QUE PASA

Crítica de Edmundo Paz Soldán en la revista Qué Pasa

Relato gráfico

Alberto Fuguet y Gonzalo Martínez: Road Story (Alfaguara, 2007)
Este cuento de Alberto Fuguet ya tiene varias reencarnaciones: apareció originalmente en la antología “McOndo” (1996); luego, con otro título y algunas escenas reescritas, en el libro de cuentos “Cortos” (2004). Ahora reaparece en formato gráfico, y no ha perdido nada de su fuerza emblemática como relato de una generación -la de la clase media en los 90-, que creció a pesar de que hizo todo por no crecer. Los dibujos austeros de Gonzalo Martínez expresan a la perfección el estado de ánimo de Simón,  el chileno que después de una serie de tropiezos personales se queda en el sur de los Estados Unidos, extraviado on the road. Fuguet confirma que, más que un escritor, es, como dice Jean Francois Fogel, “un artista en la frontera de los géneros”. Ojalá que se sigan adaptando gráficamente cuentos y novelas latinoamericanas. La que sale ganando, al expandirse, es la literatura. Y nosotros, los lectores-espectadores, por supuesto.

Edmundo Paz Soldán

Road Story en revista CAPITAL

Crítica aparecida en el número 224 de la revista Capital.

Novela Gráfica

“Es extraña la escasa difusión que ha logrado Road Story (Alfaguara, 127 páginas) novela gráfica de Gonzalo Martínez basada en un relato de Alberto Fuguet.

Al parecer la crítica chilena aún no se espabila ante uno de los géneros más vitales de la narrativa actual, que cruza la novela y el cómic, con exponentes tan destacados como Daniel Clowes o el maestro Will Eisner.

En Road Story las viñetas de Martínez son notables, su trazo es expresivo y riguroso, sin elementos que sobren, logrando una atmósfera eficaz que se apropia de la historia de un tipo que se divorcia, estafa al padre y vaga por el sur de Estados Unidos, donde conoce a una chica tan vacía como él.

No pasa mucho más, pero no hace falta, porque la narración vuela con alas propias a ese territorio sin fronteras tan propio de Fuguet, la zona muerta de los que se pierden.”

Olivier Balez

Hace poco conocí a Olivier, dibujante de bande dessinée avecindado en Santiago de Chile.
Recomiendo mucho visitar su blog. Mientras, les dejo unos apuntes que tomó en el lanzamiento de Road Story en Octubre pasado.

Road Story in English

This month issue of the on line magazine for international literature Words without borders features an extract of “Road Story” translated into english.
Please take a look at the first ten pages here.

Road Story, primera crítica análogica en El Mercurio de Santiago

Menciona Alberto Fuguet en su blog:
“En las páginas de cómics y de internet, una novela gráfica no es considerada algo raro y el libro se analizó, para bien o para mal, como es lógico, a su debido momento.
Otra vez más: los medios análogos, establecidos, tradicionales, tremendamente atrasados.”

Yo agregaría que es primera vez que soy criticado por un crítico literario en Chile. Y no se si han habido experiencias anteriores: Eso de un crítico literario criticando un cómic.

Es motivo de alegría que lo que se intentó comunicar en la novela tuviese resonancia en los lectores. No siempre ocurre. Es motivo de orgullo, también, que alguién como Alvaro Bisama se haya sentido impulsado a escribir esta crítica.

Aquí está la primera crítica a Road Story escrita por Álvaro Bisama y aparecida el Domingo 30 de diciembre de 2007 en el suplemento Artes y Letras de El Mercurio.

El cómic, otra lengua.

Road Story
Alberto Fuguet y Gonzalo Martínez

Alfaguara, Santiago, 2007
132 páginas, $7.000.
Novela Gráfica

Hay dos cosas que destacar de Road Story, la novela gráfica de Gonzalo Martínez (dibujante chileno criado en viejas revistas como Trauko y Bandido y, ahora, partícipe de la industria yanqui con trabajos en editoriales como Avatar Press) y Alberto Fuguet. Lo primero tiene que ver con que se trata de la primera historieta en llegar al mesón de novedades de las librerías chilenas en un buen tiempo. Contrabando posible gracias al nombre -o la marca- de Fuguet, es un gesto que se agradece. Tal presencia viene a remediar (simbólicamente y por un rato) la invisibilidad del género en nuestra cultura local. Lo segundo es más complejo: la pregunta sobre cuál es el valor de Road Story como historieta, más allá de su importancia contextual.

No es una pregunta menor. Road Story trabaja sobre un viejo cuento de Fuguet que antes había sido publicado en McOndo y cuya segunda versión era uno de los puntos más altos de Cortos. En esta tercera encarnación, el relato se convierte en algo más; en la excusa para que Gonzalo Martínez se extienda por más de cien páginas en la ruta que Simón, un chileno decidido a borrarse, realiza en la frontera entre Estados Unidos y México. No hay demasiadas peripecias para este protagonista disléxico. Deja de hablar, se corta el pelo, da vueltas, desea perderse, desea encontrarse, conoce a una chica tan confundida como él. Mientras, asiste al espectáculo de su propio vacío, representado casi siempre por un desierto colonizado por la música mex tex y los neones de las cantinas.

Pero Martínez desborda las premisas sugeridas en el relato de Fuguet. Los mejores momentos de la historieta son aquellos donde se desmantela la narración por medio de páginas completas o viñetas concentradas en detalles nimios mientras intenta escarbar en el silencio o la confusión de su protagonista. Es ahí donde su trazo (despojado de cualquier achurado accesorio; poderosamente refrendado por los semitonos de Demetrio Babul) es capaz de pesquisar la precariedad interior de sus personajes y proyectarla sobre los grises de la página. Tales efectos se dan en Road Story de modo progresivo, como si sobre la marcha sus autores descubrieran la efectividad de hacer descansar el peso emocional del relato en los tiempos muertos y los diálogos cortados que señalan lo complejo y lo vacío de la empresa de desaparecer en la propia mudez.

Esa profundidad logra que el cómic sortee el riesgo que supone intentar una “novela gráfica” (nombre de combate para cómics de mayor complejidad gráfica o emocional y que, en cierta medida, suponen el desarrollo de la mirada personal de sus autores), logrando un matiz adulto posible gracias a su narración sin estridencias. Porque ése tal vez sea el mejor aporte de Martínez: aquella posibilidad de internarse en lugares a los que el texto original de Fuguet no pudo o no quiso llegar, superando la mera idea de operar como una adaptación. Esa distancia entre versiones no es menor. En Road Story los dibujos de los paisajes de la frontera, las piezas de motel y las aspas del ventilador apuntan los detalles de un universo donde se dispara la tragicomedia de un héroe que aprende a hablar en otra lengua: la de sí mismo. Esa lengua es la de Fuguet, pero también, cómo no, la del propio Martínez.

Álvaro Bisama

El trailer de Road Story en YouTube

Les dejo el trailer que Alfaguara preparó para promocionar la novela gráfica “Road Story”

Road Story en la prensa.

Ha sido muy satisfactorio ver que esta aventura que Alfaguara, Fuguet y el suscrito ha tenido mucha cobertura en la prensa, tanto tradicional como web. Les dejo algunos links:

Antonio Diaz nos hizo esta entrevista para paniko.cl
“Siguen los años y esta historia termina o desemboca en Road Story: la novela gráfica. Libro que el dibujante Gonzalo Martínez creó en base al cuento de Fuguet. La misma historia del chileno perdido y errante, pero ahora en viñetas que muestran carreteras áridas y personajes extraños. “Los dibujos de Gonzalo Martínez son tan austeros como impactantes: un ventilador en el techo nos dice todo de la soledad de Simón…”, apunta el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán en la contraportada.”

Carlos Reyes (Lechuga) nos reunió a Alberto, Alejandro Aliaga (editor del libro) y a mi a hablar dl proyecto en esta larga y entretenida entrevista.
“Volvamos a la mesa en la que Fuguet afirma que “Cortos”, el volumen del que se extractó la historia es su “libro más visual”, mientras Alejandro Aliaga sentencia que “Fue el cuento que más gustó”- y agrega más adelante: “Esta historia pasa más en la cabeza y en el corazón de Simón, el protagonista y darle imágenes era todo un desafío” “Estamos a la espectativa”- arremete nerviosamente Fuguet, mientras Gonzalo, como es habitual en él, se apresura a dar el merecido crédito a su colega y amigo Demetrio Babul que hizo todos los grises de la historieta y “Le dio profundidad a las viñetas”. Todos hablamos tanto que sé que a la hora de transcribir la voy a pasar mal. Ahora mismo siento que me estoy perdiendo cosas importantes.
El motor ya ruge en la carretera cuando apreto rec en mi vieja grabadora de caset y aceleramos.”

La siguiente es una entrevista hecha por Javier Rojahelis para Artes y Letras de EL Mercurioaparecida el Domingo 14 de octubre de 2007.

NOVENO ARTE. Estreno de novela gráfica:
Alberto Fuguet, ahora en VERSIÓN CÓMIC
Primero en el cuento y la novela, después en el cine. Ahora Fuguet se toma otro formato, el de la novela gráfica. En la próxima Feria del Libro de Santiago se lanzará “Road Story”, la versión en viñetas que Gonzalo Martínez dibujó a partir de un cuento del director-escritor.
por Javier Rojahelis
Un sujeto de 35 años, recientemente separado, deambula por las carreteras norteamericanas luego de haber abortado la misión de trabajo que lo llevó a la tierra del Tío Sam. Esta es, en líneas generales, la trama de “Road Story” (título que juega con el término de road movie y con “On the road”, la novela de Kerouac), un extenso cuento que Alberto Fuguet incluyó en su libro “Cortos” y que ahora se ha convertido en novela gráfica de la mano del dibujante Gonzalo Martínez.

En el inicio de “Cortos” el propio Fuguet instaló la siguiente cita del director Eric Rohmer: “¿Por qué filmar una historia cuando se puede escribir? ¿Por qué escribirla, cuando se va a filmarla?”. A lo que ahora se podría agregar: “¿Por qué filmarla si se puede convertir en novela gráfica?”.

Y es que el proceso de trabajo entre el escritor y el dibujante se convirtió un poco en eso, en una labor a medio camino entre la literatura y el cine. Estuvo todo el tema de la adaptación, de traducir el texto en imágenes y de elegir secuencias y planos que en vez de quedar impresos en fotogramas ahora quedarían fijados en viñetas. “Esto fue muy parecido a una película donde Gonzalo claramente era el director”, cuenta Fuguet.
Una adaptación sin tanto drama

Todo partió hace poco más de un año cuando Alejandro Aliaga (de editorial Alfaguara) y Francisco Ortega (autor de “El número Kaifman”) le propusieron a Fuguet hacer la adaptación de uno de sus relatos (específicamente “Road Story”) al formato de novela gráfica. Un género para entonces inexplorado y desconocido para Fuguet quien, de hecho, a partir de ese momento comenzó a revisar para interiorizarse. “Empecé a leer primero las fuentes originales de dos películas que me habían gustado. Una fue la graphic novel ‘Ghost World’, de Daniel Clowes, y la otra, ‘Road to perdition’”. Lo siguiente fue encontrar al dibujante responsable de convertir el relato de Fuguet en viñetas. Labor que recayó finalmente en el chileno Gonzalo Martínez, quien actualmente realiza para el mercado estadounidense la serie en cómic “Super Teen Topia” y que antes hizo una miniserie para Avatar Press (editorial de novelas gráficas como “V de venganza” de Alan Moore y “Sin city” de Frank Miller) llamada “Holed up”.

Para Gonzalo Martínez, ciertamente era la oportunidad de asumir un desafío del que ya había notables ejemplos, como la adaptación que hizo el dibujante Paul Mazzucchelli de la novela “Ciudad de cristal”, de Paul Auster, obra que Martínez elogia por los abundantes recursos del cómic que utiliza para reflejar la enajenación mental del protagonista. Sin embargo, en el caso de “Road Story”, el proceso no fue tan complicado, como el recién citado, en términos de traducir el lenguaje narrativo al dibujo. “Aquí no había ningún enajenado”, explica Martínez y prosigue: “Por ejemplo, los grises del dibujo estuvieron a cargo de Demetrio Babul, quien vendría a ser como el director de fotografía de esta película… a él le repetía que tuviera ojo, ya que esto no debía tener una iluminación tan dramática. Por eso no usé recursos dramáticos. Bueno, Edmundo Paz Soldán (que aparece en el libro comentándolo) destacó que era austero en el uso del lenguaje. Y eso es así porque en esta historia el tipo no está enajenado mentalmente. Sí está dañado en el corazón… pero se le pasa”.

Menos palabras y más trazos

Sobre el tema de la adaptación, Fuguet no tenía mayores recelos sobre la mirada que podía darle Martínez a su texto, y de hecho tampoco se acordaba mucho del cuento, el que tampoco releyó en este proceso, salvo lo que tuvo que leer a partir de las páginas dibujadas que le iba enviando periódicamente el propio Martínez. Ausencia de suspicacia que el escritor justifica del siguiente modo: “Existe una suerte de manual del buen estilo en el tema de la adaptación y yo considero que a la larga siempre el adaptado va a salir ganando… incluso si sale mal, porque si sale mal van a decir ‘es mejor el cuento’. Por lo tanto, partimos con un ‘haz lo que querái’”.
Y sobre su enfrentamiento con el cuento, Martínez confiesa: “No hubo casi ningún problema. Primero, porque me gustó el texto, me sentí identificado con el personaje, me gustaban los diálogos, uno echa de menos los buenos diálogos en el cómic, me gustaba el ambiente, el clima del cuento, cómo terminaba. De hecho, yo lo hubiera adaptado tal cual”.

Martínez trabajó en el cuento original destacando diálogos y texto premunido de un marcador amarillo. Eso era lo que en principio quedaría instalado en los cuadros y globos de las viñetas que acompañarían los dibujos. Sin embargo, en el proceso tampoco esos textos resultaron íntegramente incluidos. Ahí en parte tuvo que ver la tijera del escritor. Describiendo su labor de “tijereteo”, Fuguet cuenta: “Mi meta era que fuera lo menos narrado posible en cuanto a texto. Incluso en algunas ocasiones tajé texto. Había frases de 5 líneas que yo trataba que bajaran a una. Yo le decía a Gonzalo que, mientras menos texto mío, mejor. Lo ideal es que se hubiera adaptado casi con ninguna palabra, pero claro, eso no iba a ocurrir”.

¿La primera?
Sobre si esta es la primera novela gráfica chilena, Martínez encuentra que no tiene mucho sentido discutirlo. Bueno, previamente ya se conoce el caso de “Juan Buscamares” de Félix Vega, que, si bien se publicó en España como novela gráfica, acá tuvo un debut que no responde precisamente al formato. Otro ejemplo que se discute es el de la más reciente “Bilis Negra”, que fue una versión en estilo manga (con estética de dibujo japonés) de un cuento de Mario Markus realizada por Fyto Manga.

Dejando de lado esta discusión, Martínez prefiere destacar otra cosa: “Lo que sí yo encuentro notable es que una editorial como Alfaguara se haya decidido…” Fuguet lo interrumpe y dice “sí, se la están jugando. Eso ha sido un súper apoyo en el sentido de tomarlo más como literatura que como excentricidad”.

El tamaño de la publicación es como el de un libro común y corriente. Con ISBN y todo. Tan parecido a un libro normal que los creadores decidieron cambiar la portada original (que era una foto de carretera norteamericana con un letrero) por una en la que aparecen dibujos que muestran la naturaleza más específica de esta obra. Fuguet cuenta: “Era como pasar gato por liebre al público. Con la anterior tapa podía parecer más un libro convencional… la idea era decir ‘no, no nos da vergüenza hacer novela gráfica’ y no tenemos que esconder la viñeta”.

Tan entusiasmado quedó el escritor con esta experiencia que confidencia: “Ahora me encantaría hacer algo directamente al formato. No una adaptación de algo ya escrito. La idea sería pensar qué historia estoy, entre comillas, ‘dispuesto a perder’, en el sentido de superar el trauma… ese de que en el mundo literario lo más importante es entregarle todo al libro… que el libro es como el río en el que uno debiera depositar todas sus ofrendas… con eso uno creció, era lo que te enseñaban en los talleres. Tal como estaba esa idea de que leer era sólo leer en un sillón de cuero en una biblioteca y no en un McDonald’s. Entonces, lo primero es aceptar que se va a escribir algo que no va a ir a un cuento, ni tampoco va a parar en el cine… y poder decir tranquilamente ‘¿y qué?’”.

Road Story en ERGOCOMICS.CL

Fuguet y Martínez
“El Largo Camino de Road Story”

“Volvamos a la mesa en la que Fuguet afirma que “Cortos”, el volumen del que se extractó la historia es su “libro más visual”, mientras Alejandro Aliaga sentencia que “Fue el cuento que más gustó”- y agrega más adelante: “Esta historia pasa más en la cabeza y en el corazón de Simón, el protagonista y darle imágenes era todo un desafío” “Estamos a la espectativa”- arremete nerviosamente Fuguet, mientras Gonzalo, como es habitual en él, se apresura a dar el merecido crédito a su colega y amigo Demetrio Babul que hizo todos los grises de la historieta y “Le dio profundidad a las viñetas”. Todos hablamos tanto que sé que a la hora de transcribir la voy a pasar mal. Ahora mismo siento que me estoy perdiendo cosas importantes.
El motor ya ruge en la carretera cuando apreto rec en mi vieja grabadora de caset y aceleramos.”

Carlos Reyes G.

Lee el resto de la nota y entrevista siguiendo este link.

Road Story en ROLLING STONE

Road Story
ROUTE 66

Un viaje físico y moral es el tour de force que Martínez y Fuguet proponen en su novela gráfica, partido en el cual, el cómic chileno dejó de jugar como amateur.

Por Francisco Ortega

En medio de los dimes y diretes provocados por el maletín literario, la escritora Marta Blanco opinó en Artes y Letras de El Mercurio que incluir historietas dentro del plan equivalía a inyectarle la peste negra. Blanco estiró sus juicios asegurando que el cómic era un reductor del lenguaje y que los monitos no eran más que algo ligero, intrascendente, que atentaba contra el propósito de hacer que los adolescentes y niños volvieran a leer. Pero mientras Blanco despotricaba contra los monos de tinta y papel, el dibujante Gonzalo Martínez revisaba las pruebas de Road Story, una novela gráfica inspirada en el relato del mismo nombre, incluido en el libro Cortos de Alberto Fuguet y le gustaba lo que veía.

Según se puede rastrear en la red, Road Story es un proyecto que atrae pasiones de todo tipo. Un buen porcentaje de la comunidad comiquera nacional apuntan al libro como la primera novela gráfica chilena, casi un salvavidas al 9º arte local. Otros sostienen que no hay que darle tantas glorias. La iniciativa es notable, pero definirla como la “primera novela gráfica” es pasarse por una buena parte casi medio siglo de tradición historietística, ignorando el trabajo de gente como Máximo Carvajal, Félix Vega, Themo Lobos, Mario Igor y algunos más nuevos, como Félix Vega, Jorge “Zombie” David y Fyto Manga. Lo interesante de esta geometría es que cada ángulo tiene un poco de razón: Road Story tal vez no sea la primera novela gráfica chilena como tal, pero si es la que inaugura un nuevo camino en el desarrollo local de esta forma narrativa, por decirle de alguna forma, el cómic ascendió a primera división. Es probable que sin el nombre de Alberto Fuguet de por medio, Road Story nunca hubiese visto la luz, pero eso no es condenable, todo lo contrario, es oportuno.

El propio Martínez agrega más caldo a la sopa, “hay gente que plantea que Road Story ni siquiera es una novela gráfica sino una adaptación gráfica. Respetable, pero podríamos perdernos en discusiones bizantinas al respecto. Personalmente creo que la discusión nos aleja de lo realmente importante, que es que una editorial importante se arriesgo con esta forma narrativa y eso es tremendo para todos los que llevamos años en esto del cómic”. Fuguet añade: “Más que preocuparse si es la primera lo que verdaderamente debería preocuparnos es que no se trate de la última”.

En el camino

Road Story es la historia de Simón, un chileno que ha escapado de todo. Familia, relaciones estables, trabajo. Ha traicionado, estafado, jodido, todo lo que uno piensa puede hacerse. Por eso está solo, porque eligió estarlo. Y nada mejor que buscar la soledad en un lugar en medio de la nada, donde no hay pertenencia ni lugar de arraigo. Simón cabalga sobre un sedán viejo por las carreteras del sur de Estados Unidos, cruzando el desierto y deteniéndose en pueblos fantasmas donde espera exorcisar los suyos propios. Y ese es el cuento, no hay más, no tiene que haber más. La excusa narrativa la dio Fuguet, el recorrido en imágenes, Martínez, apoyado en las eficientes tintas de Demetrio Babel. El tono blanco y negro de la historia, se replica en el estilo desarrollado, la opción no fue impuesta por un límite de recursos, fue una cuestión estética. Road Story es un cómic, una novela o un store borrad para una película independiente, el lector escoge con qué quedarse.

Aporta Martínez, “durante el año en que me dediqué a Road Story me preocupé por contar una historia. Por adaptar un cuento que me gustaba mucho, de un autor cuya obra admiro, al lenguaje del cómic o historieta o tebeo o como quieras llamarle. Me preocupé por darle vida a sus personajes, por hacer que el lector se identifique con ellos, que entienda y se emocione con su vida interior. En resumen, por “narrar”. Soy un narrador y me encanta mi pega, espero haberla hecho bien, soy responsable de ello. Eso es lo importante en una obra artística”. “Concuerdo con Gonzalo: lo importante es narrar y aquí se narro y, ojalá, podamos también emocionar, que es de lo que se trata a fin de cuentas”, cierra Fuguet.

Extraños en el paraíso

Y volviendo al inicio, los juicios de Marta Blanco contra el cómic no son más que una muestra del mayor oponente que ha tenido este arte para lograr un lugar digno dentro de las diversas manifestaciones narrativas: el prejuicio de escritores, académicos, cineastas e incluso de sus propios cultores. Todos se han encargado de reducirlo a un relleno de diarios y material desechable para escapistas. Pero como siempre hay luz al final del túnel, mucho de eso ha venido cambiando. Europa, sobre todo Francia, hace harto rato que puso al cómic de igual a igual con la llamada literatura seria.

En el 2005, la revista de libros del The New York Times puso los puntos sobre las “íes”, primero al incluir un cómic de superhéroes (Watchmen) en el canon de las mejores novelas de las últimas tres décadas y luego al mencionar que los críticos literarios del semanario estaba recibiendo mejores historietas que novelas. Otro golpe a la cátedra, The NewYorker disparó a la novela gráfica Jimmy Corrigan, el Chico más llisto del mundo de Chris Ware a la altura de Ulises de Joyce, “en lo que respeta a propuesta narrativa y fórmula estética, Ware y Joyce son lo mismo”, se atrevieron a decir.

Y mientras eso pasaba el top 10 de la lista de best sellers del ya mencionado The New York Times incluía por primera vez en sus primeros cinco puestos a un “libro de monitos”, Sandman; las Noches Eternas del prolífico Neil Gaiman. No es de extrañar que autores como Edmundo Paz Soldán y Rodrigo Fresán, sostengan que El Eternauta, es una pieza de literatura latinoamericana tan o más importante que 100 años de Soledad.

Y desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente. Aguas turbulentas, como Road Story, pero con harta más carne y condimento que la reducida visión de Marta Blanco. Puede sonar fuerte, pero sin faltar al respeto a la escritora, pararse el 2007 y decir que una historieta reduce el idioma y son solo monos, es pecar de la más penosa de las ignorancias, esa que se niega a mirar más allá del muro. Fuguet lo insiste, “ojala ocurra lo que se llama el cruce de mundos. Seria ideal que un lector-lector, un lector de libros, o un lector que me lee, pueda ingresar al mundo de las historietas y las novelas graficas vía Road Story.

Y, por cierto, al revés, que alguien que consume y devora habitualmente historietas, le de una oportunidad a los libros, ya sea cuentos o relatos. No se si eso pasara pero eso seria ideal y algo digno de celebrar. Si uno lo piensa, el Portal Lyon está a un cuadra del Drugstore, donde están las librerías mas importantes de la ciudad”.

Road Story en EL BOOMERAN(G) (España)

Nota de Jean Francoise Foguel para El Boomeran(g)

“Estoy en Chile. En todas las mesas de todas las librerías de Santiago (Ulises, Feria Chilena del Libro, Antártica, etc.) el libro más visible es Road Story. Autor: Alberto Fuguet, aunque la portada dice también, con gran honestidad: “una novela gráfica de Gonzalo Martínez”.”

Se lee de un tirón. Las 127 páginas me costaron 38 minutos, aunque guardaba un ojo neutral para ver como David Nalbandian machacaba a Rafael Nadal en la final del Open de Tenis de Paris-Bercy. Así se debe leer Road Story: en un hotel, en la luz de un televisor que no importa, con la sensación de encontrarse fuera de su mundo. Road Story cuenta cómo se vive en un lugar del sur de los EE. UU. elegido por no tener historia ni vínculos con el pasado del héroe.

Fuguet hizo a su manera, que me parece digna, la promoción de este libro en su blog y Alfaguara llegó a producir un vídeo con el mismo propósito. Pero no creo que remataron el tema. Unos apuntes:

1. Fuguet es un artista en la frontera de los géneros. Al leer Cortos, un libro construido con una serie de fragmentos de ficción, me pregunté por qué se hace literatura con lo que está designado para el cine. La portada blanca, parecida a la pantalla del cine, ayudaba a entender la equivocación entre escrito y audiovisual. Ahora, al leer una nueva versión, gráfica, de un cuento que descubrí en Cortos vuelve la pregunta: ¿Por qué hacer una novela gráfica cuando se tiene el pictures book de una película de Wim Wenders (como Alice in den Städten –Alicia en las ciudades) o de Bagdad Café?

2. En este caso, la novela gráfica empieza con un texto continuo, una introducción de Fuguet que hace todo por decir que no es una novela gráfica sino una adaptación dentro de algo que sería literatura escrita o cine. El autor aparece despistado entre los géneros, lo que me parece bien: la historia es la de un hombre que ha perdido el camino hacia sí mismo.

3. Fuguet explica en su introducción que Road Story “fue locacionado, con fotos propias y fotos googleadas”. Más allá de las dos palabras que ignoran muchos diccionarios es una manera de decir: se hizo un trabajo de construcción de la realidad, como en el cine. El Congress Hotel de Tucson, Arizona, sale como ganador (a pesar del error: a veces es Congress Hotel, a veces es Hotel Congress) en este trabajo que supone la producción de bocetos (como la imagen que viene con este post grabada en el blog de Fuguet).

4. Existe el pueblo llamado “Truth or consequence” (Verdad o consecuencia, lo que hace decir: la mentira se paga caro) que aparece en el libro. Es una locura llamarse así pero fue la decisión libre de una población blanca y no latina de Nuevo México.

5. No sé quién es el mejor Fuguet: el novelista, el guionista, el cuentista pero me gusta cómo los tres corren riesgos.

6. El héroe plantea muchas preguntas y nunca tiene la respuesta. Se siente que viene de Chile (poco humor, talento para ser “fome”). Me molesta no conocer la respuesta a una de sus preguntas: ¿Por qué en Chile cuando a alguien le va mal, se dice que le fue como el ajo? “

Road Story en PANICO.CL

La novela gráfica de Fuguet y Gonzalo Martínez

“Siguen los años y esta historia termina o desemboca en Road Story: la novela gráfica. Libro que el dibujante Gonzalo Martínez creó en base al cuento de Alberto Fuguet. La misma historia del chileno perdido y errante, pero ahora en viñetas que muestran carreteras áridas y personajes extraños. “Los dibujos de Gonzalo Martínez son tan austeros como impactantes: un ventilador en el techo nos dice todo de la soledad de Simón…”, apunta el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán en la contraportada.”

Antonio Díaz

Lee el resto de la nota y entrevista siguiendo este link.

Video promocional de Road Story

Promo video for the graphic novel, Road Story.

Road Story en EL MERCURIO

La siguiente es una entrevista hecha por Javier Rojahelis para Artes y Letras de El Mercurio de Santiago de Chile aparecida el Domingo 14 de octubre de 2007.

NOVENO ARTE.
Estreno de novela gráfica:
Alberto Fuguet, ahora en VERSIÓN CÓMIC

Primero en el cuento y la novela, después en el cine. Ahora Fuguet se toma otro formato, el de la novela gráfica. En la próxima Feria del Libro de Santiago se lanzará “Road Story”, la versión en viñetas que Gonzalo Martínez dibujó a partir de un cuento del director-escritor.

por Javier Rojahelis

Un sujeto de 35 años, recientemente separado, deambula por las carreteras norteamericanas luego de haber abortado la misión de trabajo que lo llevó a la tierra del Tío Sam. Esta es, en líneas generales, la trama de “Road Story” (título que juega con el término de road movie y con “On the road”, la novela de Kerouac), un extenso cuento que Alberto Fuguet incluyó en su libro “Cortos” y que ahora se ha convertido en novela gráfica de la mano del dibujante Gonzalo Martínez.

En el inicio de “Cortos” el propio Fuguet instaló la siguiente cita del director Eric Rohmer: “¿Por qué filmar una historia cuando se puede escribir? ¿Por qué escribirla, cuando se va a filmarla?”. A lo que ahora se podría agregar: “¿Por qué filmarla si se puede convertir en novela gráfica?”.

Y es que el proceso de trabajo entre el escritor y el dibujante se convirtió un poco en eso, en una labor a medio camino entre la literatura y el cine. Estuvo todo el tema de la adaptación, de traducir el texto en imágenes y de elegir secuencias y planos que en vez de quedar impresos en fotogramas ahora quedarían fijados en viñetas. “Esto fue muy parecido a una película donde Gonzalo claramente era el director”, cuenta Fuguet.

Una adaptación sin tanto drama

Todo partió hace poco más de un año cuando Alejandro Aliaga (de editorial Alfaguara) y Francisco Ortega (autor de “El número Kaifman”) le propusieron a Fuguet hacer la adaptación de uno de sus relatos (específicamente “Road Story”) al formato de novela gráfica. Un género para entonces inexplorado y desconocido para Fuguet quien, de hecho, a partir de ese momento comenzó a revisar para interiorizarse. “Empecé a leer primero las fuentes originales de dos películas que me habían gustado. Una fue la graphic novel ‘Ghost World’, de Daniel Clowes, y la otra, ‘Road to perdition’”. Lo siguiente fue encontrar al dibujante responsable de convertir el relato de Fuguet en viñetas. Labor que recayó finalmente en el chileno Gonzalo Martínez, quien actualmente realiza para el mercado estadounidense la serie en cómic “Super Teen Topia” y que antes hizo una miniserie para Avatar Press (editorial de novelas gráficas como “V de venganza” de Alan Moore y “Sin city” de Frank Miller) llamada “Holed up”.

Para Gonzalo Martínez, ciertamente era la oportunidad de asumir un desafío del que ya había notables ejemplos, como la adaptación que hizo el dibujante Paul Mazzucchelli de la novela “Ciudad de cristal”, de Paul Auster, obra que Martínez elogia por los abundantes recursos del cómic que utiliza para reflejar la enajenación mental del protagonista. Sin embargo, en el caso de “Road Story”, el proceso no fue tan complicado, como el recién citado, en términos de traducir el lenguaje narrativo al dibujo. “Aquí no había ningún enajenado”, explica Martínez y prosigue: “Por ejemplo, los grises del dibujo estuvieron a cargo de Demetrio Babul, quien vendría a ser como el director de fotografía de esta película… a él le repetía que tuviera ojo, ya que esto no debía tener una iluminación tan dramática. Por eso no usé recursos dramáticos. Bueno, Edmundo Paz Soldán (que aparece en el libro comentándolo) destacó que era austero en el uso del lenguaje. Y eso es así porque en esta historia el tipo no está enajenado mentalmente. Sí está dañado en el corazón… pero se le pasa”.

Menos palabras y más trazos

Sobre el tema de la adaptación, Fuguet no tenía mayores recelos sobre la mirada que podía darle Martínez a su texto, y de hecho tampoco se acordaba mucho del cuento, el que tampoco releyó en este proceso, salvo lo que tuvo que leer a partir de las páginas dibujadas que le iba enviando periódicamente el propio Martínez. Ausencia de suspicacia que el escritor justifica del siguiente modo: “Existe una suerte de manual del buen estilo en el tema de la adaptación y yo considero que a la larga siempre el adaptado va a salir ganando… incluso si sale mal, porque si sale mal van a decir ‘es mejor el cuento’. Por lo tanto, partimos con un ‘haz lo que querái’”.
Y sobre su enfrentamiento con el cuento, Martínez confiesa: “No hubo casi ningún problema. Primero, porque me gustó el texto, me sentí identificado con el personaje, me gustaban los diálogos, uno echa de menos los buenos diálogos en el cómic, me gustaba el ambiente, el clima del cuento, cómo terminaba. De hecho, yo lo hubiera adaptado tal cual”.

Martínez trabajó en el cuento original destacando diálogos y texto premunido de un marcador amarillo. Eso era lo que en principio quedaría instalado en los cuadros y globos de las viñetas que acompañarían los dibujos. Sin embargo, en el proceso tampoco esos textos resultaron íntegramente incluidos. Ahí en parte tuvo que ver la tijera del escritor. Describiendo su labor de “tijereteo”, Fuguet cuenta: “Mi meta era que fuera lo menos narrado posible en cuanto a texto. Incluso en algunas ocasiones tajé texto. Había frases de 5 líneas que yo trataba que bajaran a una. Yo le decía a Gonzalo que, mientras menos texto mío, mejor. Lo ideal es que se hubiera adaptado casi con ninguna palabra, pero claro, eso no iba a ocurrir”.

¿La primera?
Sobre si esta es la primera novela gráfica chilena, Martínez encuentra que no tiene mucho sentido discutirlo. Bueno, previamente ya se conoce el caso de “Juan Buscamares” de Félix Vega, que, si bien se publicó en España como novela gráfica, acá tuvo un debut que no responde precisamente al formato. Otro ejemplo que se discute es el de la más reciente “Bilis Negra”, que fue una versión en estilo manga (con estética de dibujo japonés) de un cuento de Mario Markus realizada por Fyto Manga.

Dejando de lado esta discusión, Martínez prefiere destacar otra cosa: “Lo que sí yo encuentro notable es que una editorial como Alfaguara se haya decidido…” Fuguet lo interrumpe y dice “sí, se la están jugando. Eso ha sido un súper apoyo en el sentido de tomarlo más como literatura que como excentricidad”.

El tamaño de la publicación es como el de un libro común y corriente. Con ISBN y todo. Tan parecido a un libro normal que los creadores decidieron cambiar la portada original (que era una foto de carretera norteamericana con un letrero) por una en la que aparecen dibujos que muestran la naturaleza más específica de esta obra. Fuguet cuenta: “Era como pasar gato por liebre al público. Con la anterior tapa podía parecer más un libro convencional… la idea era decir ‘no, no nos da vergüenza hacer novela gráfica’ y no tenemos que esconder la viñeta”.

Tan entusiasmado quedó el escritor con esta experiencia que confidencia: “Ahora me encantaría hacer algo directamente al formato. No una adaptación de algo ya escrito. La idea sería pensar qué historia estoy, entre comillas, ‘dispuesto a perder’, en el sentido de superar el trauma… ese de que en el mundo literario lo más importante es entregarle todo al libro… que el libro es como el río en el que uno debiera depositar todas sus ofrendas… con eso uno creció, era lo que te enseñaban en los talleres. Tal como estaba esa idea de que leer era sólo leer en un sillón de cuero en una biblioteca y no en un McDonald’s. Entonces, lo primero es aceptar que se va a escribir algo que no va a ir a un cuento, ni tampoco va a parar en el cine… y poder decir tranquilamente ‘¿y qué?’”.